La destrucción del patrimonio iraquí

Publicado el Por Agustin Municio Diaz (author)

La situación de inestabilidad política en Irak,  agravada por el  control de parte de su territorio por parte del grupo terrorista Daesh, ha supuesto la mayor amenaza para la integridad del patrimonio iraquí desde la década de los años 90. Parte de la estrategia de Daesh para constituir su Califato ha consistido en borrar los restos patrimoniales pre-islámicos, así como las construcciones religiosas cristianas y chiíes; además de beneficiarse del comercio ilícito de antigüedades. Para el patrimonio iraquí llueve sobre mojado, al expolio y venta ilegal de objetos artísticos – existente desde la invasión angloestadounidense de 2003- se suma la destrucción calculada de monumentos que forman parte del patrimonio de la humanidad.

Irak cuenta con lugares declarados Patrimonio de la Humanidad de un alto valor histórico, como la ciudad fortificada de Hatra (inscrita en la lista de patrimonio mundial de la humanidad desde 1985, y en la lista de patrimonio en peligro en 2015), los restos  de la ciudad de Assur (inscrita en la lista en 2003, y en la lista de patrimonio en peligro en el mismo año), la ciudad arqueológica de Samarra (inscrita en la lista en 2007) o la ciudadela de Erbil (inscrita en 2014). Se puede observar como desde el aumento de violencia en la zona, en 2003 y hasta hoy, estos sitios se han ido inscribiendo en la lista de patrimonio mundial en peligro.

Además de estos, Irak ha propuesto varios más de sus numerosos monumentos para que accedan a la lista de patrimonio mundial, algunos son restos arqueológicos y otros son bienes mixtos, por la importancia de su valor natural.  A fecha de marzo de 2014 se propusieron los siguientes sitios: Las ruinas de Ur, el yacimiento de Nimrud, la ciudad vieja de Nínive, la fortaleza de Al-Ukhaidar, Wasit, el complejo sagrado de Babilonia, las marismas de Mesopotamia, el sitio de Thilkifl, el cementerio de Wadi-us-Salaam y la ciudadela de Amadiya. Algunos de estos lugares han sido atacados durante el año 2015.

 

Los orígenes del desastre

En 1991, poco después de finalizar la Guerra del Golfo, el gobierno iraquí remitió a la UNESCO un informe sobre las pérdidas sufridas en el patrimonio histórico durante la guerra. En este informe se hacía referencia a los daños sufridos en trece museos, destrucción de seis bibliotecas, robo de antigüedades, daños producidos por bombardeos en  ocho sitios arqueológicos y edificios monumentales, entre otros; la carta pedía ayuda internacional para la restauración de monumentos y la recuperación de objetos robados. Los organismos internacionales, sin embargo, ignoraron dicho informe.

En 1994, el saqueo clandestino de yacimientos arqueológicos se multiplicó. La situación de posguerra obligaba a la población a encontrar recursos económicos, y las bandas de traficantes supieron aprovechar esta oportunidad. Algo después de la puesta en marcha del programa “petróleo por alimentos” la situación empezó a mejorar poco a poco; se reanudaron las investigaciones arqueológicas iraquíes y europeas y mejoro la protección de los yacimientos.

Uno de los efectos ignorados del embargo al que se sometió a Irak por parte de las potencias occidentales durante doce años ( entre 1991 y 2003) fue la progresiva degradación de su patrimonio, ya que supuso la imposibilidad de importar productos químicos necesarios para los tratamientos de restauración como acetonas, alcoholes, disolventes, resinas, etc. Este problema afectó durante estos doce años a cientos de manuscritos, objetos de marfil, metal, vidrio y cerámica. Durante este periodo, la UNESCO no remitió a Irak ni una comisión para esclarecer los problemas a los que se enfrentaba el patrimonio iraquí.

Los sucesos de Mosul

La ciudad de Mosul fue tomada por el grupo extremista Daesh a finales de junio de 2014, después de que éste hubiera ocupado gran parte de la zona norte de Irak. Ya en 2014 Daesh había expoliado  yacimientos arqueológicos en el norte de Irak y traficaba con los objetos que iba recopilando para financiarse. En ese momento advirtieron de que atacarían restos arqueológicos pre-islámicos.

 

A comienzos de 2015, Daesh realizó una serie de ataques sobre distintos monumentos y edificios considerados patrimonio de la humanidad:

-El 4 de enero la murallas reconstruidas de la antigua ciudad de Nínive fueron dinamitadas.

-El 27 de febrero, el Museo de las Civilizaciones de Mosul, fue destruido y en Nínive, los lamas de la puerta de Nergal corrieron el mismo destino.

-El 5 de marzo  la ciudadela asiria de Niumrud, fue, en parte, demolida.

-El 7 de marzo la antigua ciudad de Hatra, declarada patrimonio mundial de la humanidad, fue también atacada.

-El 8 de marzo, el recinto arqueológico de la ciudadela asiria de Jorsabad  fue arrasada por bulldozers dirigidos por los takfiríes.

Por otra parte, el patrimonio bibliográfico iraquí también ha sufrido importantes pérdidas; el 22 de febrero fueron quemados 8000 manuscritos conservados en la Biblioteca de la ciudad de Mosul.

En las provincias de Nínive y Kirkuk, durante el año 2014, numerosas iglesias cristianas, mezquitas y santuarios religiosos fueron atacados y destruidos por Daesh; en septiembre fue destruida la Iglesia asiria verde de Tikrit, levantada en el siglo VII d.C.

La tumba del profeta Jonás, lugar de peregrinación para cristianos y musulmanes, fue volada por los aires. La iglesia de la Virgen María en Mosul y otros muchos templos cristianos de la ciudad también fueron arrasados. Las últimas noticias acerca de ataques a templos cristianos fueron sobre la destrucción de la iglesia caldeo-católica de Mar Girgis (San Jorge o San Markourkas) al norte de Mosul, el 10 de marzo de 2015. También numerosos templos religiosos chiíes han sido atacados.

 

Es difícil hacer un balance de pérdidas aun, ya que no hay ningún observador en la zona que pueda cuantificar los daños. Las imágenes que se muestran en los vídeos difundidos por Daesh nos dan una muestra de lo que ha sido destruido, aunque estas imágenes también arrojan un poco de esperanza, ya que en las mismas se puede apreciar que algunas de las estatuas destruidas eran copias de yeso de las originales, aunque otras, como las de Hatra, sí eran originales.

El museo británico hizo pública una nota en la que confirmaba que algunos de los relieves destruidos eran copias, cuyos originales se encuentran en la colección de este museo. El ataque al museo de las civilizaciones de Mosul se produjo cuando esta institución se preparaba para reabrir sus puertas después de haber cerrado durante la guerra de 2003, de hecho algunas de las piezas acababan de ser devueltas y se encontraban aun embaladas.

Sobre los daños sufridos en los yacimientos de Hatra y Dur Sharrukin, no podemos saber más de lo que se ha publicado en lo videos emitidos por Daesh, ya que no hay imágenes ni ningún testimonio, el único recurso son las fotografía por satélite, y su alcance es limitado.  No sabemos si están destruyendo estos sitios o expoliándolos, ni si el daño es total o parcial.

Pedro Azara, arquitecto y profesor de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona  explica que el yacimiento de Nimrud es enorme y que “harían falta decenas y decenas de excavadoras durante meses para arrasarlo. El volumen de tierra que habría que remover y el que una gran parte de la ciudad yazca debajo de metros y metros de arcilla impide que la destrucción sea muy extensa. Eso no implica que lo que ocurre no sea horroroso, pero es cierto que los yacimientos mesopotámicos están aún poco explotados y que las condiciones de los mismos son duras -capas de barro que se extienden por doquier y que implican un gran esfuerzo para sacarlas a la luz y destruirlas-“, en su opinión, los daños en los yacimientos deben haber sido superficiales.

Atendiendo al video emitido por Daesh la mayor parte de los artefactos y objetos destrozados pueden clasificarse en dos categoría: esculturas del periodo romano en la ciudad de Hatra (al sur de Mosul) y artefactos asirios de Nínive y alrededores. 

El museo de Bagdad

Para contrarrestar la propaganda de Daesh, el gobierno iraquí decidió acelerar los trabajos parainaugurar el Museo de Bagdad, que reabrió sus puertas el 28 de Febrero de 2015, doce años después de su cierre durante la guerra de 2003. El ministro del Departamento de Turismo y antigüedades de Irak, Qais Hussein Rashid explicaba en el acto de inauguración que “los actos de Mosul fueron un aliciente para trabajar más rápido y abrir el museo en el día de hoy, como respuesta a las acciones de los mafiosos de Daesh”.

La historia reciente del  Museo Arqueológico de Bagdad es ilustrativa de la situación del patrimonio en este país. Es necesario retroceder hasta 2003, durante la invasión de Irak por las tropas norteamericanas. El 11 de abril de 2003 la agencia EP/AFP informaba en uno de sus comunicados que el museo había sido víctima de terribles saqueos como los que sacudían el resto de la ciudad ese día. Los asaltantes atacaron sin que nadie se lo impidiera; algunas salas del museo y oficinas fueron totalmente saqueadas, se podían observar piezas de cerámica y algunos fragmentos de estatuas desperdigados por el suelo. El control militar de la plaza en la que se encontraba el museo por parte de las fuerzas de ocupación estadounidenses debería haber impedido el saqueo, pero no fue así. Fueron saqueadas cerca de 15.000 piezas de las cuales solamente se ha recuperado la mitad. Además, durante los combates urbanos en Bagdad en 2003, las fuerzas estadounidenses destruyeron monumentos omeyas y abasíes.

Los sucesos de Mosul en 2015 son, hasta el momento, el peor episodio de destrucción de patrimonio en Oriente Medio, comparable a la destrucción de los budas de Bamiyan por los talibanes afganos.  Dentro de una terrible serie de ataques al patrimonio árabe y pre islámico en la región desde 2011, los sucesos de Mosul se suman a otros episodios de destrucción de patrimonio en Siria, Libia o Yemen, y de los que no podemos saber los daños reales sufridos en las zonas controladas por Daesh ni cuando pararán estas agresiones.

Qais Hussein Rashid , ministro del departamento de Turismo y Antigüedades de Irak, llevaba tiempo advirtiendo del peligro que, una vez más, se cernía sobre el patrimonio iraquí. Desde julio de 2014, poco después de la invasión de los territorios del norte de Irak por Daesh,  el Ministerio solicitó ayuda a Estados Unidos y la Unión Europea para llevar a cabo labores de preservación y adelantarse a los desastrosos sucesos, pero una vez más, nadie respondió.

Los llamamientos de la UNESCO, a través de las peticiones de su directora Irina Bokova para frenar esta ola de destrucción no han servido de mucho sobre el terreno, aunque se han puesto en marcha iniciativas interesantes como el museo virtual de Irak , la formación de refugiados como guías de museos o  la  creación de un cuerpo de cascos azules dedicados a la protección del patrimonio en caso de conflictos armados.

Pese a ello, la situación del patrimonio iraquí sigue siendo extremadamente preocupante: gran parte del mismo se encuentra bajo el control de grupos extremistas que consideran “idolátrico” todo monumento no exclusivamente islámico o simplemente lo utilizan para engrosar sus arcas mediante el tráfico ilegal de antigüedades. En las zonas bajo control del gobierno, la inestabilidad y la pobreza no parecen favorecer la atención sobre la conservación del rico patrimonio iraquí.

Como hemos visto, este patrimonio, sito en la antigua Mesopotamia, una de las cunas de la civilización, constituye un patrimonio común de toda la humanidad y es responsabilidad de todas las naciones del mundo contribuir a protegerlo y ponerlo en valor.

 
 
 

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