Arabia Saudí y la cuestión de los derechos de las mujeres

Publicado el Por Alastair Sloan (author), Monitor de Oriente (author)

Lugar(es): Riad, Arabia Saudita

 

El reciente procesamiento y la dura sentencia aplicada contra un ciudadano saudí que había pedido el fin del infame sistema de “tutela masculina” sobre las mujeres sugiere que las mejoras en los derechos de las mujeres del Reino no son la prioridad que fueron una vez. Contrariamente a los tristes titulares que siempre impregnan cualquier discusión sobre Arabia Saudí, ha habido algunos progresos. Un tercio de los miembros del Consejo de la Shura (un órgano consultivo) deben ahora ser mujeres; se han promulgado nuevas leyes sobre violencia doméstica y divorcio; la primera editora de un periódico saudí ha sido contratada; las primeras cuatro abogadas ya practican su profesión; y las mujeres están comenzando a acceder a posiciones más altas en el gobierno.

Sin embargo, el sistema de tutela masculina perdura. Las mujeres adultas deben obtener el permiso de un tutor masculino para viajar, casarse o incluso salir de la cárcel. A veces se les exige que proporcionen el consentimiento de un tutor para poder contratar un empleo o acceder a atención médica. Alquilar un apartamento o presentar demandas legales, junto con una serie de otros asuntos cotidianos, todos dependen de la buena voluntad del tutor de cada mujer. Si ella decide que esto es demasiado y quiere emigrar a un país que respete su libertad, también – por lo general – necesitará un permiso de su tutor para poder hacerlo.

Pero, si la reforma de estos aspectos legales está en la agenda del gobierno, ¿por qué un hombre ha sido condenado a un año de prisión y una multa de 30.000 riyales saudíes por poner carteles cerca de una mezquita y escribir en Twitter en apoyo de poner fin al sistema? La respuesta está en cómo se está manejando la reforma en el Reino saudí.

En septiembre, una petición atrajo la atención internacional, ya que consiguió reunir miles de firmas pidiendo el fin del sistema de tutela masculina. En julio, la ONG Human Rights Watch publicó un informe pidiendo el fin del sistema. Aún prohibido en Arabia Saudí, el grupo fue denunciado como “un agente de un gobierno extranjero” y acusado de ser pagado “por los enemigos del reino”. Estos argumentos carecen de fundamento y base alguna. El hombre que ha sido condenado recientemente simplemente fue considerado demasiado proactivo en su campaña. La regla básica en Arabia Saudí parece ser la siguiente: el progreso está llegando, e incluso está ocurriendo, aunque lentamente; simplemente no lo pidas demasiado fuerte ni demasiado a menudo, o serás castigado.

Hay análisis más amplios en juego que tienen que ver con un principio fundamental de cómo el poder se reparte en el reino, que se puede resumir en una palabra: apaciguamiento. Muchas de las políticas sociales más conservadoras de Arabia Saudí han sido introducidas recientemente. A partir de 1979, la Casa de Saud se vio obligada a responder a un serio atentado terrorista contra la Gran Mezquita de La Meca por un grupo de terroristas apocalípticos, no muy diferentes en sus ideas de Daesh. La lógica era que, a pesar de sus métodos violentos, los terroristas tenían razón en un punto: el dinero del petróleo había introducido las “perversas costumbres occidentales” en la sociedad saudí que no encajaba su papel como guardianes de los sitios más sagrados del islam. Esto era indudablemente cierto, pero la respuesta era todavía demasiado cruel, inhumana y excesivamente agresiva.

Nadie sufrió peor el peso de estas mal llamadas reformas que las mujeres. Fueron golpeados nuevamente en los años noventa, cuando las casta clerical saudí se indignó al ver que las mujeres soldados estadounidenses estaban conduciendo libremente por las carreteras saudíes. La infame prohibición de que las mujeres conduzcan fue el resultado. Todo esto se hacía para apaciguar y contener a los extremistas.

Esos mismos extremistas existen hoy en día – en forma de Daesh – y son aún más bárbaros. El gobierno de Riad se muestra cauteloso y quiere asegurarse de que ningún joven saudí piense que su país no es lo suficientemente “islámico”. De esta manera, según creen ellos, no se escaparán y se unirán a Daesh o, peor aún, no lanzarán otro ataque terrorista dentro del Reino. Así que la política del apaciguamiento continúa.

Esta política no es bien entendida en Occidente. Hay incluso teorías conspirativas flotando alrededor de que Arabia Saudí está financiando Daesh; la realidad es que el reino está posiblemente más amenazado por el grupo extremista que Occidente. En agosto de 2014, el gran mufti saudí Sheikh Abdul Aziz Al-Sheikh denunció al “Estado Islámico” como el “enemigo número uno” del islam. “Las ideas de extremismo, radicalismo y terrorismo … no tienen nada que ver con el Islam y [sus defensores] son ​​el enemigo número uno del Islam”, declaró.

Tampoco el sistema de tutela tiene nada que ver con el islam. Un elemento interesante del informe de Human Rights Watch fue que un ex juez saudí anónimo confesó a los investigadores de la ONG que no existen normas islámicas dentro de la Shari’ah que respalden la continuidad del sistema de tutela masculina.

En todo el mundo árabe, especialmente durante las revoluciones de la llamada “Primavera Árabe”, las mujeres han desempeñado un papel clave tanto en los movimientos islamistas como en los de resistencia secular, el tipo de movimientos de resistencia que aterrorizan más a la Casa de Saud. Es un miedo hacia las mujeres lo que está manteniendo a estas mujeres en el miedo; los legisladores masculinos cobardes intimidan y usan falsas interpretaciones de la Shari’ah para hacerlo. Es realmente triste para estos hombres sentir que tienen que hacer esto.

Por supuesto, hay mujeres saudíes a las que esto no les importa. “Soy una mujer saudí que tiene un tutor masculino”, escribía recientemente una columnista del Time Magazine, la primera mujer saudí graduada en la Escuela de Periodismo de Columbia. “No todas nosotras somos prisioneras en nuestras casas”, reclamaba la columnista. “Occidente necesita darse cuenta de que no todas las mujeres saudíes somos iguales”, concluía, tras una defensa del sistema saudí de tutelaje patriarcal.

Nadie ha dicho que todas las mujeres saudíes sean iguales. Los críticos del sistema de tutela masculina simplemente señalan que un número suficientemente grande de mujeres saudíes reciben una discriminación brutal por culpa de la tutela, lo que hace que este sistema sea moralmente y, si el juez mencionado estaba en lo correcto, legalmente equivocado, incluso basándonos en la ley islámica en su versión sunní hanbalí. Sólo porque algunas mujeres no experimenten esto, no lo hace menos malo. Y quienes alzan su voz contra este sistema discriminatorio ciertamente no merecen estar en la cárcel.

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