Los cristianos iraquíes regresan a sus pueblos entre el temor y la esperanza

Publicado el Por Monitor de Oriente (author)

Los fieles asisten a la misa de Nochebuena en Duhok, Irak, el 24 de Diciembre de 2016 (fotografía: AA)
Los fieles asisten a la misa de Nochebuena en Duhok, Irak, el 24 de Diciembre de 2016 (fotografía: AA)

 

Con la expulsión de Daesh, los cristianos iraquíes regresan a la ciudad saqueada de Qaraqosh, entre la ansiedad por su seguridad y con la esperanza de poder vivir en concordia con los musulmanes de todas las tendencias.

La ciudad, a unos 20 kilómetros del frente de batalla con Daesh en la ciudad norteña de Mosul, muestra por qué los cristianos tienen sentimientos encontrados sobre el futuro de su antigua comunidad.

En las profanadas iglesias de Qaraqosh, los cristianos están ocupados eliminando los graffitis pintados por los extremistas suníes durante dos años y medio de control de Daesh de la ciudad, sólo para que poco después aparecieran nuevas pintadas, garabateados por miembros chiíes de las fuerzas iraquíes que luchan calle a calle contra los yihadistas en Mosul.

Pero a pocos metros de allí, un comerciante está haciendo el agosto vendiendo cerveza holandesa, ouzo griego y varias marcas de whisky a los cristianos, suníes, chiíes y kurdos por igual, quizás ofreciendo una visión de cómo las comunidades fracturadas de Irak podrían volver a vivir juntas pacíficamente.

 

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Alentados por los fuertes controles de seguridad y las patrullas por una fuerza voluntaria, hasta 10 familias cristianas han regresado a lo que solía ser el emplazamiento de la comunidad más grande de la minoría cristiana de Irak hasta que Daesh se apoderó de ella en 2014.

Las fuerzas iraquíes expulsaron al grupo de Qaraqosh el pasado mes de Octubre, como parte de una ofensiva que dura ya seis meses para volver a tomar Mosul. Pero los residentes están preocupados de que las consignas chiíes señalen un nuevo tipo de división sectaria.

La leyenda “Oh Hussein” aparece pintada en rojo en la pared de una iglesia previamente incendiada por Daesh, alabando al héroe de los musulmanes chiíes que fue martirizado hace 1.300 años.

“Tenemos miedo de esto, de las tensiones sectarias”, dice Girgis Youssif, un trabajador de la iglesia. “Queremos vivir en paz y seguridad”, exclama Youssif, quien regresó a esta localidad después de huir a Erbil, en el Kurdistán iraquí, a unos 60 kilómetros de distancia.

Los chiíes de las fuerzas del gobierno iraquí y grupos paramilitares, en su mayoría provenientes del sur del país, han garabateado tales eslóganes en los edificios de todo Mosul también.

Los soldados también han izado la bandera de Ali en la ciudad y en sus vehículos militares. La relación de los chiíes con Ali, el yerno del profeta Muhammad ,y con su hijo Hussein, el nieto del profeta, es la piedra angular de la teología chií, ya que ellos los consideran los auténticos sucesores del Profeta.

La mayoría de los suníes, que son la comunidad mayoritaria en Mosul, se han apartado de las consignas chiíes, que consideran trabajo de un puñado de fanáticos religiosos, pero los cristianos las toman como una señal de que su futuro sigue siendo incierto.

Matti Yashou Hatti, un fotógrafo que todavía vive en Erbil con su familia va más allá: “Necesitamos protección internacional”.

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