Cumbre de la Liga Árabe en Argelia: ¿qué es posible y qué se desea?

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La próxima cumbre de la Liga Árabe se celebrará en Argelia a principios de noviembre. Los ministros de Asuntos Exteriores árabes acordaron la fecha en su última reunión en El Cairo tras el aplazamiento de la cumbre en marzo. También se ha hablado de otro aplazamiento por motivos relacionados con las probabilidades de éxito o fracaso de la cumbre.

Argelia confía en que sí acogerá la cumbre, en la que está invirtiendo mucho para que la legitimidad de los dirigentes del país se vea impulsada a nivel regional e internacional. Dicha legitimidad lleva décadas erosionándose.

Se plantean preguntas sobre lo que se puede esperar de la cumbre: sobre lo que es posible y lo que se desea. Mucho depende de los anfitriones, así como de las relaciones entre los Estados árabes.

Se ha hablado mucho de la capacidad de Argelia para acoger la cumbre porque ha sido testigo de una ola de agitación social desde 2019, expresada por una sociedad civil fuerte y pacífica. Si no fuera por la pandemia mundial, esto habría tenido graves consecuencias. Además, Argelia ha perdido su fuerza regional e internacional desde los disturbios de octubre de 1988 y los acontecimientos que siguieron, incluida la guerra civil durante la "Década Negra" de los años noventa.

Tras ello, Argelia salió como un Estado débil, incapaz de reconstruirse. Lo más peligroso de todo es que su situación ya no era fundamentalmente diferente de la de muchos países árabes que desde entonces han pasado por una experiencia similar: Irak, Siria, Libia y Yemen, por ejemplo.

El régimen de Argel no está precisamente en armonía con todos los países árabes. Los efectos negativos de los sucesos mencionados han provocado el declive de la posición de Argelia y la pérdida de su influencia y poder, especialmente a medida que se desarrollaban nuevos discursos y se hacían efectivos en las relaciones árabe-árabes. También ha surgido un nuevo mapa geopolítico en la región árabe, en el que las potencias tradicionales -Irak y Siria- no tienen ningún papel destacado. En las dos últimas décadas han surgido nuevos centros de poder e influencia, en particular los Estados del Golfo, así como Marruecos y Egipto.

Algunas cuestiones árabes muy importantes deben figurar en el orden del día de la cumbre, como Palestina, la crisis siria, la situación en Irak y Libia, y el futuro de la paz en Yemen. También deben considerarse los retos a los que se enfrenta Túnez en términos de política, economía y seguridad, así como las tensiones regionales que implican complejas ecuaciones internacionales. Es probable que estas tensiones empeoren si el deseo de paz no supera la prisa por la guerra.

Siendo realistas, es poco probable que la cumbre de Argelia desempeñe un papel significativo o eficaz en las cuestiones árabes antes mencionadas, como no sea porque no existe una voluntad colectiva evidente de resolver los problemas regionales con soluciones positivas y equilibradas. Además, la Liga Árabe ha sido incapaz de formular soluciones equilibradas a las crisis desde que estallaron, a pesar de tener décadas en algunos casos -Irak, por ejemplo- para hacerlo. Es poco probable que la organización pueda conseguir algo en una cumbre en la que los posibles participantes ya oscilan entre aceptar las invitaciones para asistir, dudar o, lo que es peor, pedir otro aplazamiento.

A decir verdad, es probable que todos y cada uno de los expedientes vuelvan de Argelia aún pendientes, a pesar de que podrían hacer de esta una cumbre histórica si se pudieran encontrar y aplicar soluciones. Es evidente que falta preparación previa y que algunos de los afectados directamente por los problemas no están en condiciones de ayudar: los palestinos, por ejemplo, siguen divididos políticamente; Irak no consigue convencer a nadie para que apoye la unidad del país; y Siria aún no ha vuelto al redil de la Liga Árabe. La guerra en Yemen, por supuesto, sigue vigente con pocas esperanzas de que cesen las hostilidades, y las partes enfrentadas de Libia no se han reconciliado por el bien de su patria.

La imagen que tenemos de los países árabes en el período previo a la cumbre es la de todos contra todos en toda la región, especialmente en lo que respecta a los temas en cuestión. Por lo tanto, la Cumbre Árabe de Argelia parece que va a ser otra tertulia, con declaraciones de intenciones y deseos, pero poco más.

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