¿Qué pasa ahora que el Líbano está sin presidente?


Líbano entró el martes en una crisis de gobierno sin precedentes, sin presidente, con un gabinete provisional con poderes limitados y un Parlamento profundamente fragmentado.

El país sigue luchando contra una crisis financiera sin precedentes que ha empobrecido a la mayoría de la población.

¿Qué hace tan difícil la elección de un presidente, qué está en juego y quién gobernará el Líbano en este vacío?

¿Por qué es tan complicado?

La política sectaria y fracturada del Líbano hace que la elección de un nuevo jefe de Estado o la formación de un nuevo gabinete nunca sea sencilla.

El Parlamento elige al presidente en una votación secreta por parte de los legisladores del Parlamento de 128 miembros, donde los escaños están divididos por igual entre las sectas musulmanas y cristianas.

Pero los umbrales necesarios para asegurar el quórum y la victoria hacen que ninguna facción o alianza tenga suficientes escaños para imponer su elección, lo que hace que se intercambien votos por otros favores políticos.

La formación de un gabinete es igualmente compleja, ya que los partidos se reparten su cuota de ministerios en función de su influencia, su secta, el tamaño del bloque parlamentario y los posibles puestos que podrían ocupar en otras partes del Estado.

Aoun se convirtió en Jefe de Estado en 2016, gracias a un gran acuerdo respaldado por el poderoso grupo chiíta Hezbolá y el principal rival cristiano maronita de Aoun, Samir Geagea, y que devolvió al político musulmán suní Saad A-Hariri como Primer Ministro.

La influencia extranjera puede desempeñar un papel a la hora de forjar acuerdos para elegir a un presidente en un país en el que las rivalidades internacionales han jugado durante mucho tiempo en las crisis internas.

El predecesor de Aoun -Michel Suleiman- asumió el cargo en 2008 como parte de un acuerdo negociado en Qatar con respaldo occidental.

¿Por qué esta situación no tiene precedentes?

El tira y afloja necesario para formar un gobierno o elegir un presidente ha dejado a menudo al Líbano sin jefe de Estado o con un gabinete que actúa en calidad de interino.

Pero, por primera vez, ahora tiene ambos, simultáneamente.

El país celebró elecciones parlamentarias en mayo, lo que desencadenó la creación de un nuevo gabinete, mientras que el anterior continúa la labor básica de gobierno en calidad de interino.

Aoun nombró al primer ministro Najib Mikati para que volviera a ser primer ministro, pero no aprobó las alineaciones del gabinete de Mikati en los últimos seis meses, lo que significa que no se formó un nuevo gobierno.

En una entrevista con Reuters, Aoun advirtió del "caos constitucional" si su mandato terminaba sin sucesor y sin nuevo gabinete.

En su último acto como presidente, declaró el gobierno "dimitido" -reafirmando su capacidad de cuidador- y envió una carta al Parlamento instándole a mantener a Mikati en jaque.

La Constitución estipula que tal medida obliga al Parlamento a reunirse en sesión extraordinaria hasta que se forme un nuevo gabinete.

El Parlamento se reunirá el jueves.

¿Qué significará esto para el gobierno, la crisis financiera?

El presidente del Líbano es responsable de firmar las leyes, nombrar al primer ministro y aprobar la formación del gabinete antes de que éste se presente al Parlamento para un voto de confianza.

El gabinete es responsable de tomar las decisiones ejecutivas.

La Constitución dice que un gabinete dimisionario funcionará "en sentido estricto", sin más detalles. En caso de vacío presidencial, dice que el Parlamento debe reunirse urgentemente para elegir uno.

En anteriores vacíos presidenciales, el gabinete asumía los poderes del presidente tomando decisiones por unanimidad, pero en su salida, Aoun insistió en que no se debía permitir que un gobierno provisional asumiera esas prerrogativas.

Esto pone en tela de juicio la forma en que Líbano afrontará el agravamiento de la crisis financiera, que ha empobrecido a más del 80% de la población y ha dejado a los ahorradores sin efectivo en el paralizado sistema bancario durante tres años.

En mayo, el gobierno llegó a un acuerdo con el FMI que permitiría desbloquear una ayuda muy necesaria. Sin embargo, Beirut ha hecho poco por aplicar las reformas necesarias para sellar el acuerdo.

El viceprimer ministro, Saade Chami, ha afirmado que Líbano aún podría presentar sus avances al directorio del FMI para su revisión, pero no estaba seguro de si el acuerdo final requeriría la aprobación del presidente.

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